El conflicto Taxi-VTC y los cambios de movilidad futuros

El conflicto Taxis vs VTC

El programa Comando Actualidad de TVE realizó un interesante reportaje sobre el conflicto Taxi-VTC, un problema que hoy está de actualidad por las huelgas protagonizadas por el sector del taxi en Barcelona o Madrid, o por anuncios como la entrada en funcionamiento de un parque de VTC en Granada, gestionado por una de las empresas del sector.

El reportaje de TVE está bien y trata muchos puntos de vista. Le falta por introducir en el debate los cambios en la sociedad que justifican la reaparición del VTC (popularización de las app, algoritmos inteligentes, optimización de tiempos muertos de vehículos y un vacío legal e inadecuada regulación) y los inevitables cambios en los modelos de movilidad futuros.

Esta guerra Taxi-VTC forzosamente será pasajera, porque cuando los vehículos sean autónomos, no harán falta ni conductores de taxis ni de VTC (la realidad es que una gran parte de las licencias VTC pertenecen a muy pocos propietarios. En el conflicto entre conductores de unos y otros vehículos, las grandes empresas propietarias de las licencias VTC intentan pasar desapercibidas, tal vez porque su interés a medio plazo sea tener una gran flota de vehículos con licencia autónomos, es decir, sin conductores).

De todas formas, no es nada eficiente (sostenible) tener un coche (sea taxi o VTC, aunque en teoría este último no podría hacerlo) dando vueltas por la ciudad a la espera de que algún cliente lo reclame: ocupa un espacio público y contamina innecesariamente. Las cosas cambiarán forzosamente.

Entrevista a Jaime Lerner

Jaime_LernerUna entrevista a Jaime Lerner con sus ideas clásicas, estupendas, por otro lado:

“Le voy a decir que es posible mejorar una ciudad en menos de tres años. No importa su escala ni las condiciones financieras. Siempre se puede construir una buena estrategia y una buena ecuación de corresponsabilidad. No comparto esa visión que plantea la tragedia de la ciudad. Si se proyecta la tragedia, se va a encontrar. Pero si se invierte la energía en cambiar tendencias pueden realizarse cambios. No debemos dejarnos manipular por lo negativo.”

“Toda ciudad tiene sus prioridades: la salud, la educación, la seguridad. Pero hay tres puntos fundamentales: la movilidad, la sostenibilidad y la coexistencia. Hay que pensar las actividades económicas conjuntamente con la calidad de vida de la gente.”

“La metáfora que me gusta usar para hablar de la calidad de vida es la de la tortuga. Ella tiene su caparazón, que se puede comparar con la estructura de una ciudad. Si cortásemos ese caparazón, separaríamos su vida por un lado, su trabajo por allá, su ocio por otra parte. Eso es lo que hacemos en la mayoría de las ciudades: separamos las funciones urbanas. Y eso termina matando a la tortuga.”

“El coche a combustible es como nuestra suegra. Con ella debemos tener buenas relaciones, pero no podemos dejar que comande nuestra vida. Si la única mujer de nuestra vida es nuestra suegra, entonces tenemos un problema.”

“Se trata de acciones puntuales, rápidas, que den nueva energía a la ciudad. No tienen que ser grandes obras. Hay que driblear la burocracia”
“¿Qué relación hay entre la innovación, las ideas creativas y el presupuesto? Si hay creatividad, usted quita un cero del presupuesto. Y si tiene además sustentabilidad, quita dos ceros. ”

Puede leerse completa en : Montevideo “tendría que vender todos los contenedores de basura”

Hay falta de comunicación entre políticos y arquitectos

Jaime Lerner
Naciones Unidas le contrató como consultor de asuntos urbanos tras transformar su ciudad natal, Curitiba (Brasil). Ha sido la voz de la profesión en la Unión Internacional de Arquitectos entre 2002 y 2005

Se hace extraño observar cómo este urbanista de fisonomía y apellido polaco se expresa con un perfecto español y acento brasileño, aunque sus coordenadas vitales lo explican. De padres inmigrantes de Polonia, Jaime Lerner nació en Curitiba (Brasil), en 1937, ciudad a la que contribuyó a transformar tras ser elegido alcalde en tres ocasiones. Esto le valió el Premio de Medio Ambiente, concedido por la ONU en 1990. Después le llegarían otros, como el prestigioso World Tecnology Award for Transportation (2001) o el Sir Robert Mathew en 2002. Su secreto reside en suprimir cifras al presupuesto: “Si quieres creatividad quita un cero, si buscas sostenibilidad quita dos y si quieres solidaridad asume tu identidad respetando la diversidad“.

¿Qué papel ha jugado o debería haber jugado el arquitecto en esta crisis?

Deberían haber estado más preocupados por la ciudad. Si una nación no es generosa con sus ciudades, no lo es tampoco con su gente. La historia nos ha demostrado que siempre que se separa la actividad económica de los asentamientos humanos ocurre un desastre. La ciudad que separa sus funciones o divide a la gente por sus ingresos, edad o religión, no acaba siendo una ciudad humana. El rol de los que se ocupan de la ciudad, ya sean políticos, arquitectos o planificadores, necesita tener esto en mente. Es tiempo de sustituir la egoarquitectura por la ecoarquitectura.

Usted ha sido uno de los pocos arquitectos que se ha implicado en la primera línea de la política, ¿qué conclusión saca?

Creo que hoy hay una falta de comunicación entre políticos, arquitectos y la gente. Para paliar esto, habría que proponer una idea o un proyecto, y la gran mayoría debería entender que eso es lo deseable. De esta forma, todos ayudarían. En muchas ciudades del mundo no veo una visión clara, esto origina que no haya prioridades y que los emprendedores se transformen, al final, en simples especuladores.

¿Aplicó eso en Curitiba?

Sí. Desde el comienzo la gente sabía cuál era la propuesta para la ciudad: juntar vida, trabajo y ocio. No teníamos todas las respuestas, pero al mismo tiempo aprendí a que innovar era comenzar y dejar espacios para que la gente te corrija cuando tú no está en el camino correcto. Curitiba se ha convertido en una referencia porque conseguimos hacer el mayor número de transformaciones urbanas en poco tiempo.

¿Piensa que, si se transforma una ciudad, la gente puede cambiar?

Sin duda. Gran parte de las ciudades en el mundo están preparadas para los coches, en cambio, nosotros la diseñamos para la gente. En vez de pensar en un metro que suponía una gran inversión, estudiamos las características del metro (rapidez y frecuencia) para aplicarlo a la superficie. Como hacían falta 250 millones de dólares para la flota, decidimos hacer un ejercicio de corresponsabilidad. Proponer a las compañías privadas que invirtieran en la flota y pagarlas por kilómetro rodado. Gracias a la gran rotación de los pasajeros, que vivían y trabajaban en el mismo lugar, el proyecto se pago sólo. Hoy transporta a 2,3 millones de pasajeros y está implantado en 83 ciudades, de México, Bolivia, China, etc.

¿Qué les diría entonces a quienes se quejan de la falta de presupuesto para acometer ideas?

Que ni la escala, ni los recursos financieros son impedimentos para hacer nuevos proyectos. Hay que tener voluntad política, solidaridad, estrategia y sobre todo, saber montar un sistema de corresponsabilidad. Pero le voy a poner otro ejemplo: Río de Janeiro invirtió 800 millones de dólares para limpiar la Bahía. Nosotros no los teníamos, así que alcanzamos un acuerdo con los pescadores por el que les comprábamos la basura que nos traían. Así, si el día no era bueno para la pesca, cogían basura. Sus recursos aumentaron y la basura fue desapareciendo, al tiempo que aumentaba la pesca.

¿Cómo ve la gran urbe del siglo XXI?

Para mí, las ciudades no están bien. El mejor ejemplo de calidad de vida es la tortuga porque aglutina vida, trabajo y movimiento juntos. Si separáramos el caparazón del cuerpo provocaríamos lo que están ocurriendo en las ciudades: guetos de gente muy rica, con lugares muy pobres, poblaciones que viven aquí pero trabajan allá. Es necesario afrontar los tres grandes problemas, que son la movilidad, la sostenibilidad y la socio-diversidad o convivencia.

¿Y cómo se solucionan?

La mejor manera de integrar es a través de los niños. Hay que mezclar más. Cuanto más se mezcla, más humana es la ciudad.

¿Y el problema del tráfico?

Hay que promover una alternativa, pero para que la gente la utilice tiene que ser para mejor. Para itinerarios de rutina, se debería incentivar la utilización del transporte público, que en el caso de Madrid es muy bueno. Pero quienes todavía quisieran utilizar el coche para la última milla, podría ponerse en funcionamiento un sistema de coches en alquiler como las bicicletas. Ahora estoy implicado en el prototipo de este coche que presentaremos en Francia.

Menos estrellas y más constelación

Hace ocho años que dejó la política y ahora está plenamente dedicado a la arquitectura y a las ciudades. Asegura que se siente muy orgulloso de las estrellas que integran la profesión, pero confiesa que “se necesita más una constelación de arquitectos preocupados por las urbes”.

Cree que cada arquitecto tiene una propuesta para su ciudad. En este sentido, afirma que “el mayor movimiento político que los arquitectos pueden hacer es proponer ideas, más que reuniones o asambleas, porque incluso aunque éstas no se desarrolle siempre darán origen a otras ideas”. Aboga por un mayor compromiso del profesional con la sostenibilidad, “que no tiene tanto que ver con los materiales, sino con una ecuación entre lo que se ahorra y lo que se desperdicia”.

Vía: Cinco Días, el 19/10/2010

Elige tu camino: la ciudad está a tus pies.

La ciudad a tus pies

La libertad elemental de andar, de elegir el rumbo de nuestros pasos, la libertad de ir al encuentro de los otros es el fundamento de la vida en común. Las ciudades y los pueblos se han fundado sobre esta libertad. Necesitamos la calle, los caminos, las plazas, el espacio público, para que nos permitan no olvidar que los demás también existen, que los demás no son faros en dirección opuesta, ni protagonistas de una noticia, sino cuerpos y vidas semejantes, esos cuerpos y esas vidas que dan sentido a todos nuestros actos.

Cada hombre, cada mujer, cada anciano y cada niño que sale a la calle están decidiendo no sólo la calidad de su vida, sino también la calidad de la vida de su entorno. Está afirmando que no cree en el aislamiento ni en el individualismo. Está eligiendo un mundo donde haya espacios comunes. Por el contrario, una existencia únicamente vivida en cajas privadas, en pisos, en coches, en ordenadores y televisores fomenta la ilusión de que es posible ser feliz en medio de la muerte, en soledad. Ninguna situación humana es gratuita: cuando se obliga a una mujer mayor a quedarse en su casa porque no puede sortear las aceras altas, los coches mal aparcados, la prisa de los semáforos, se está eligiendo una sociedad injusta con los más débiles. Cuando se convierte la calle en un lugar de grave riesgo físico para los niños y se les fuerza a permanecer aislados a la vuelta del colegio, se está negando el aprendizaje de lo comunitario. Los peatones no estamos dispuestos a aceptarlo. No nos parece justo ni bueno que no haya espacios públicos para la calma, que sea imposible caminar con tranquilidad en unas calles invadidas por el estruendo, por la hostilidad.

A través de la asociación A PIE los peatones hemos decidido tomar la palabra y, mediante un conjunto articulado de denuncias, actividades y propuestas, pasar a la acción. La realidad no es algo que esté dado. La realidad, tal y como la estamos viviendo, es el fruto de un fluido constante de decisiones. No hay edificio ni calle ni acera que no haya sido decidido por alguien. La realidad se construye y si los peatones permanecemos callados, si permanecemos inmóviles, serán otros los que perseveren en el diseño de un mundo que niegue la equidad, que niegue los espacios comunes, que busque sólo la satisfacción de unos intereses particulares perentorios. El interés del peatón es siempre el interés general, porque el peatón no tiene nada que sea suyo. La acera de un peatón es la acera de todos los ciudadanos. El peatón no es ruidoso ni insolente, no amenaza ni atropella. El peatón no bloquea las esquinas, no pudre la atmósfera, la energía del peatón es renovable.

Hoy, la situación de acoso que viven los peatones está llegando al límite. Y acosar al peatón significa poner en peligro la última oportunidad que tiene las ciudades de ser lugares de intercambio y de contacto, lugares donde no parezca una locura querer vivir una vida buena, lugares donde aún tenga sentido el proyecto de construir una comunidad justa y prudente. La asociación A PIE quiere defender ese proyecto y para eso proclama la libertad de andar de las personas, porque sabe que la libertad de andar es el punto de partida irrenunciable de nuestro derecho a elegir por qué camino y hacia dónde vamos.

http://www.asociacionapie.org

Entrevista a Fernando Roch, catedrático de urbanismo

Construir ciudades en las que las personas sean felices. No se puede negar atractivo ni dificultad a esta meta, que es, o debería ser, el objetivo de los urbanistas, una disciplina oculta al gran público por las bambalinas de la arquitectura. Fernando Roch, catedrático de Urbanismo, cree que la deriva urbana actual no conduce precisamente a ese fin. Por ello, defiende la recuperación de la ciudad como teatro cívico y crisol social, funciones ambas heridas, a su juicio, por la especulación y la cultura del adosado.

Fernando Roch

¿Qué labor realiza un urbanista?

Es una buena pregunta. Alguno diría que somos los colaboradores indispensables del desastre nacional, de esta especie de festival del ladrillo en el que nos hemos embarcado. Y puede que haya algún urbanista que lo haya hecho. Siempre hay una colaboración necesaria en todo crimen. Pero creo que no, que la mayoría no ejercemos ese papel. Un urbanista trata de hacer buenas ciudades. ¿Qué es una buena ciudad? Aquella donde los ciudadanos son felices. Nosotros trabajamos la dimensión espacial de una sociedad (vida pública, relaciones sociales, relaciones productivas…), un objeto por cierto extraordinariamente complejo. Si uno no sabe navegar en él, se pierde. Los urbanistas, o somos buenos navegantes o nos ahogamos en un océano demasiado complicado.

¿De qué se compone ese océano?

De todo. Es el mundo, la vida misma, trufada, y hoy por hoy dominada, por intereses económicos. El principal problema que tenemos es que la economía se ha convertido en la única disciplina que habla de la ciudad. Hemos convertido un fenómeno social, la ciudad, en un fenómeno económico.

Y la economía no piensa precisamente en la felicidad de los ciudadanos.

Piensa en el beneficio. Las ciudades en este momento son el espacio principal del poder. Hubo un tiempo que era el campo, o una combinación de los dos ámbitos. Ahora no, ahora sólo es la ciudad. Y eso ocurre en todo el mundo. Incluso en África, en las zonas con menor desarrollo, aparece un mundo francamente urbanizado. Las poblaciones rurales van a la ciudad como sea, a las ciudades de allí o a las ciudades de aquí, y se juegan la vida si es necesario. Esto ha creado un problema mundial de difícil solución, que son estas mega-ciudades, rodeadas de periferias informes donde se acumulan millones y millones de personas.

¿Qué consecuencias tiene?

Nuestras ciudades se dibujan más y están al servicio de los ciudadanos medios, ya estratificados y agrupados por niveles de renta y patrones de consumo. En lugar de ser una ciudad de ciudadanos libres, un gran teatro cívico en el que se discute, en el que la diversidad es la norma, hablamos de un mundo estratificado, estanco, que empieza ya en la vivienda, porque la vivienda es el primer espacio de habitación y la primera forma de consumo. En la vivienda se dibuja tu manera de vivir.

¿Cómo es esa manera de vivir?

Bueno, casi ya no hay ni comedor, porque se come rápido o fuera. Hay dormitorios, muchos cuartos de aseo y un sitio para ver la tele. Eso es una vivienda moderna. Hace 40 años, fui a París a cursar el doctorado y había en el metro unos carteles que decían “metro, trabajo, tele y a dormir”. Yo no he visto en los tratados de urbanística una mejor descripción de la vida del ciudadano medio. Y no sólo sigue siendo así, creo que se ha acrecentado. Ahora, los fines de semana se ha incluido la barbacoa con el cuñado, que forman un tándem inseparable. Ayer veía un programa de televisión fantástico sobre las periferias de estos adosados interminables. Y sus propietarios estaban encantados de vivir allí, pese a que ni el jardín es un jardín, ni la piscina es una piscina… Todo es simbólico, ideológico. La única compensación que tenían estas personas, que todos los días tenían que recorrer cien kilómetros en coche atravesando Madrid, era la barbacoa con la familia.

¿Es tan nociva la cultura del adosado?

Lo primero que hay que decir es que quien gobierna la construcción de la ciudad es el sistema inmobiliario, una máquina de crecimiento que no se puede detener. Éste es el grave problema. Hemos construido un mundo físico que está por encima de nuestras necesidades. Es como esos perros que están de moda, que tienen una piel que parece de un hermano mayor y que se pliega por su cuerpo. A mí me intranquilizan mucho porque cuando los veo, veo el sistema inmobiliario. El sistema inmobiliario español está basado en la creación de vivienda nueva, que conduce a la creación de más periferias, de más infraestructuras de transporte… Madrid debe tener como 2.000 kilómetros de autovías para abastecer todo un sistema metropolitano que está a 30, 40, 50 kilómetros de la ciudad. ¿Y qué ocurre? Que un tercio de los pisos de Madrid están vacíos. Esto se ha hecho aquí, pero no se ha hecho en Francia. El 60%-70% de las licencias de construcción que se conceden en Francia son para rehabilitar viviendas. Aquí eso supone un 10%. Ésa es la diferencia. Ellos recuperan un patrimonio urbano que ya tiene las calles, el alumbrado y los servicios hechos… Es muy barato y eficiente, es un capital social que tienes a tu disposición. Frente a eso, la persona que tiene que ir a 25-30 kilómetros, que mira a su alrededor y ve un desierto. ¿Sabes cuál es la clave de esas viviendas? La nevera. Sin un espacio de acumulación de productos, estás perdido.

Usted no vivirá en un adosado.

No, no. Vivo cerca de la facultad. Vengo a trabajar andando. Vivo bien porque no tengo un adosado y a mi cuñado le veo poco. Esto último es broma.

Y en este sistema inmobiliario del que habla, ¿qué papel juega el urbanista?

Es quien firma. Todas estas periferias no tienen sin embargo un proyecto urbano. Vivimos una paradoja. Nunca la Humanidad ha dispuesto de mejores medios, pero el progreso material no se corresponde con el progreso de las ciudades. No tenemos las mejores ciudades de la Historia, ni mucho menos. Nuestras ciudades distan mucho, pero mucho, de ser las mejores que podíamos tener.

¿Y eso es porque a los urbanistas no se les tiene en cuenta?

Hombre, ha habido un usurpamiento de poder. Hay un crecimiento inmobiliario que me parece patológico. Por fortuna, parece que hay un cambio de actitud ya en Europa a favor de recuperar la ciudad. Intentemos que las ciudades vuelvan a ser habitables.

¿Cómo se puede conseguir?

Hay que cambiar la fiscalidad, las leyes del suelo… Las leyes del suelo actuales son leyes de crecimiento, para seguir ampliando el perímetro de las ciudades.

La construcción se ha convertido en el problema y no en la solución.

Sí, y a diferencia de lo que sucedió en la crisis de 1929. Esa crisis curiosamente tuvo una salida inmobiliaria. Así fue en Estados Unidos. La construcción es una locomotora que arrastra al resto de la economía. Cierto. Y para ello crearon algo tan particular como el suburbio, ese que sale en películas y que se ha fijado en el imaginario colectivo.

Y que llega hasta la cultura del adosado que vivimos en nuestro país.

Sí. Podríamos decir que es un corolario degradado, castizo, de aquella historia, que por cierto dejó las ciudades vacías. Es verdad que el suburbio ya existía entonces, pero estaba limitado a la gran burguesía, que vivía en la ciudad jardín. Pero aquí lo que se hizo fue masificar el fenómeno, porque la industria funciona con masas. Fue perfecto. La cuestión era también vender un automóvil. No puedes vivir en la periferia si no tienes un vehículo para moverte. Consecuencia: los centros históricos de las ciudades se vaciaron un 80%. Hubo que cambiarles su imaginario. No sé si el cine, el cine negro, tuvo mucho que ver en ese plan de convertir la ciudad en un escenario inseguro. La inseguridad es importante. Tú a una persona le creas inseguridad en un espacio determinado y acaba abominándolo y yéndose a otro. Además, se construyeron suburbios estancos. Si en la ciudad histórica las clases habían vivido más o menos entremezcladas, en el suburbio no se mezclan. Hay una descomposición social que adquiere forma espacial. Y los centros históricos los ocupan los sectores más marginales.

¿Y eso es lo que está ocurriendo aquí?

En cierto modo. Se habla de las ciudades mediterráneas, como la dieta. Creo que la gente piensa que tienen menos colesterol. Bromas aparte, sí es verdad que vivir en una ciudad goza en España aún de cierto prestigio.

¿Cómo se pueden recuperar entonces los centros históricos?

Cambiando el imaginario colectivo, el prestigio. Si lo mejoras, se produce un movimiento, sobre todo de las clases medias profesionales, de revalorización de espacios, que arrastra al resto.

¿Alguna idea para atraer de nuevo a los ciudadanos a las ciudades?

Hay que reelaborar el patrimonio edificado. Tenemos unas ciudades con un parque de viviendas que necesita mejoras. Necesita, entre otras cosas, pisos más amplios, justo lo contrario de lo que se está haciendo. Se construyen pisos más pequeños porque salen más rentables, claro. Un amigo lo justificaba diciendo que cada vez hay más divorcios. Claro, cómo no se van a divorciar dos personas que tienen que convivir décadas en 40 metros cuadrados. Lo que es milagroso es que se mantenga la unión. Además, en un espacio así no caben niños. Cómo vas a favorecer la natalidad si no tienen espacio. Un niño significa el destierro, porque en la periferia es el único sitio en el que pueden tener una habitación para él. Además, nuestras dotaciones urbanas no están pensadas para tener niños. Sales a la calle y el niño se asfixia, no tienen parques, no hay guarderías… Hemos hecho que la vida de un niño sea muy difícil en la ciudad tradicional, porque antes no lo era. Esos son los problemas. Nosotros necesitamos recualificar nuestros espacios históricos. Necesitamos albañiles para rehabilitar edificios, no para construir adosados a 50 kilómetros.

¿La ciudad garantiza la integración social?

En las ciudades históricas, el sustrato material todavía está muy mezclado. Viene de sociedades donde esta práctica social no había adquirido la precisión con la que hoy se construye ese espacio, y que se refleja en esas hileras de adosados. Por eso hay que reivindicar una ciudad compleja, mezclada. Si hay algo de eso que todavía pervive, hay que buscarlo en el centro de las ciudades, no en las periferias. ¿Cuál es el papel de los urbanistas? Rescatar esos espacios, esa fórmula espacial. Si no es así, la ciudad se estanca, y con ella la sociedad. Es una utopía, pero marca la dirección.

En lugar del teatro cívico que usted ha citado, la ciudad se ha convertido en un espectáculo.

Sí. La ciudad ha dejado de ser un teatro social para convertirse en un espectáculo propagandístico en el que se compite para ver quién acumula un mayor número de obras de arquitectos de renombre. Y que conste que no tengo nada en contra de los arquitectos, yo mismo soy arquitecto y me llevo bien conmigo mismo.

¿La relación entre arquitectos y urbanistas es la deseable?

No. Lo cierto es que no hay una relación fluida. Y estaría bien que la hubiera.

En el cambio que usted propone, ¿qué pasaría con las periferias que ya se han creado?

Las periferias actuales repletas de adosados son lugares sin futuro ideados para un hombre medio uniforme, todo lo contrario a la diversidad social que está en la esencia de la ciudad. Hay que terminar con eso, pero no es fácil, en primer lugar porque las personas que viven en esas periferias no quieren. La solución pasaría por reconvertirlas en ciudad, habría que reintroducir en ellas la ciudad que falta. En estos adosados no hay ciudad, no hay comercio…

¿Queda vida en las ciudades?

En las ciudades queda vida, pero muy poca porque se ha saqueado. Se ha desposeido de vida a las ciudades.

Vivimos cada vez más personas en ciudades cada vez menos habitables.

Vivimos más personas en ciudades a costa de destruir la vida ciudadana. No obstante, hay que diferenciar el concepto de ciudad de las estructuras urbanizadas.

No sólo se está maltratando el entorno natural, también el social.

Exacto. No sólo se esquilma la naturaleza, se esquilman las ciudades, que representan la naturaleza social, lo más complejo que la Humanidad ha sido capaz de crear.

¿Hay alguna ciudad en nuestro país que esté bien urbanizada?

No sé. Se suele nombrar a Vitoria como ejemplo. Es una ciudad agradable para vivir, y ésa es la mejor prueba de su buena urbanización. Una ciudad bien comunicada, en la que si la persona quiere acceder a la cultura o a la práctica deportiva puede hacerlo, de la misma forma que puede quedar con sus amigos para charlar o tomar algo sin que esté marcado por compartimentos o urbanizaciones estancas. Es decir, en la que la diversidad social es real.

¿El tamaño importa?

Sí. El tamaño influye. Cuanto más grande es la ciudad, es más difícil que sea habitable.

¿Cuáles serían los límites?

Entre el medio millón de habitantes y el millón estaría el límite.

Usted vive en Madrid, una ciudad que, según ese criterio, no sería habitable.

Es verdad. No vivo en una ciudad habitable, pero vivo en un barrio, barrio, en el que la diversidad social es un hecho.

Vía: Revista Consumer Eroski