Elogio de la bicicleta

«La fotografía es una moda a punto de terminar, gracias en parte a la popularización de la bicicleta.» Así pensaba Alfred Stieglitz en 1897. Considerado el precursor de la fotografía artística, a Stieglitz no es que le importara mucho la bicicleta, sino que tenía la esperanza de que cuando la fotografía dejara de ser una «moda», por fin adquiriría un estatus de «arte», ya que en aquellos años la mayor parte de los pintores despreciaban la fotografía por considerarla mecánica. Para tranquilidad de Stieglitz -y en gran medida, como resultado de su propia terquedad- con el paso de los años la fotografía comenzó a ganar lugares en museos de arte y galerías, mientras las bicicletas continuaron su vertiginosa existencia.

Y no era para menos. La bicicleta es una de las invenciones que mayor impacto han tenido en la historia. Se trata de una máquina con un nivel de eficiencia insuperable que consigue la máxima relación esfuerzo/trabajo de todos los medios de transporte; se ha calculado que manteniendo una rapidez promedio de 17 kilómetros por hora, un ciclista requiere entre 3 y 4 veces menos energía por kilómetro que una persona a pie; se estima que las bicicletas son hasta 50 veces más ligeras que los automóviles -además de que no contaminan- y que para su fabricación se requiere 300 veces menos materia prima que para fabricar un automóvil. Según los cálculos, por las calles del mundo rondan unos mil 600 millones de bicicletas. Esto es, existen más bicicletas que automóviles en nuestro planeta.

El barón y el velocípedo

La historia de la bicicleta es cuento largo. Por comenzar en alguna parte, podríamos recordar que Karl Friedrich Christian Ludwig Freiherr Drais von Sauerbronn, mejor conocido simplemente como Karl Drais, toda su vida quiso revolucionar el mundo de la locomoción, construyendo un vehículo que estuviera tan bien diseñado como para multiplicar la fuerza del cuerpo humano para desplazarse. Con indestructible empeño alemán lo intentó con más fallas que aciertos. En el camino, inventó máquinas para escribir partituras (sin mucho éxito) y máquinas para moler carne (con mejores resultados) entre otras. Cuando estuvo a punto de abandonar la idea de mover a los humanos rápidamente sin ayuda de ningún otro animal, tuvo una idea genial. Así que el 12 de junio de 1817, en la ciudad de Mannheim, Alemania, presentó el primer «vehículo de propulsión humana», el cual básicamente era una plataforma con una rueda delantera y otra trasera sobre la cual había que sentarse y luego… ¡caminar! A este artilugio lo llamó «velocípedo», pero con los años se le reconocería como «draisiana», en honor a su inventor.

Cada quien su invento

Al principio de su existencia, la «draisiana» tuvo un importante éxito, así que inmediatamente hubo todo un ejército de interesados en inventar mejoras para el novedoso vehículo. Una de las mejoras más significativas se la debemos a un herrero francés, Pierre Michaux, que en 1868 inventó los pedales para el velocípedo. De esta manera, se conseguía impulsar con mayor efectividad la rueda delantera, obteniendo mejores resultados. Algunos años después, un inventor inglés llamado Henry Lawson ideó el sistema de transmisión por cadena, colocándola en la rueda trasera y uniéndola con unos pedales localizados al centro de su máquina, a la que bautizó «Byciclette». Por fin, una máquina que no necesitaba la fuerza de ningún animal (extra) para desplazarse.

Tecnología y democracia

Para muchos historiadores, la relevancia de la bicicleta radica en al menos dos puntos: por su precio y utilidad, las bicis se convirtieron en una de las máquinas con mayor difusión y penetración popular, «inaugurando una nueva época para las masas trabajadoras»; pero además de movilidad, la bicicleta también aportaba libertad, evasión y fantasía, por lo que rápidamente se convirtió en estandarte de la lucha por los derechos de las mujeres, quienes en un principio fueron relegadas del uso de las bicicletas, bajo el argumento de que «se veían mal». Ciertamente, hubo una serie de importantes modificaciones en el vestuario de las mujeres, luego de severas disputas, como aquella protagonizada por las estudiantes de Cambridge, en 1897, a favor de la admisión de mujeres en el bachillerato y que portaban como efigie una mujer montada en una bicicleta.

New OrleansHerederos de la bicicleta

En el «Manifiesto técnico de la pintura futurista», un grupo de artistas proclamó el nacimiento de una nueva manera de arte, el futurismo inspirado en la idea de que: «… Todo se mueve; todo corre; todo se torna veloz. La figura nunca está inmóvil ante nosotros, sino que aparece y desaparece incesantemente. Por culpa de la permanencia de la imagen en la retina, las cosas en movimiento se multiplican, se deforman, sucediéndose, como si de vibraciones se tratara, en el espacio que recorren. Así, un caballo a la carrera no tiene cuatro, sino veinte patas, y sus movimientos son triangulares. En el arte todo es convención, y las verdades de ayer son hoy, para nosotros, puras mentiras«.

Justamente ese sensación de movimiento y vitalidad es uno de los muchos puntos de contacto entre el arte y la ciencia, que en la bicicleta encuentra un ejemplo como detonante e inspiración. Escribió Rafael Alberti:

A los 50 años, hoy, tengo una bicicleta.
Muchos tienen un yate
y muchos más un automóvil
y hay muchos que también tienen un avión.
Pero yo,
a mis 50 años justos, tengo sólo una bicicleta.
He escrito y publicado innumerables versos.
Casi todos hablan del mar
y también de los bosques,
los ángeles y las llanuras.
He cantado las guerras justificadas,
la paz y las revoluciones.
Ahora soy nada más que un desterrado.
Y a miles de kilómetros de mi hermoso país,
con una pipa curva entre los labios,
un cuadernillo de hojas blancas y un lápiz
corro en mi bicicleta por los bosques urbanos,
por los caminos ruidosos y calles asfaltadas
y me detengo siempre junto a un río
a ver cómo se acuesta la tarde y con la noche
se le pierden al agua las primeras estrellas.

Pero los físicos George Gamow y Carl Sagan también usaron la bicicleta como analogía para explicar conceptos científicos. Así como los futuristas argumentaban en su manifiesto que el mundo moderno estaba dominado por la sensación de dinamismo, es decir, que la sensación de movimiento hace que las cosas cambien su forma de ser, deformándose, George Gamow creó un personaje llamado «Mr. Tompkins» quien a lo largo de diferentes episodios oníricos va descubriendo cómo funciona el universo; para explicarse la teoría de la relatividad, Mr. Tompkins cómo no se sube a una bicicleta desde la que observa como los objetos cambian su forma y tamaño en función de la velocidad a la que él pedalea.

Pero además de servir como analogía, la bicicleta ha resultado un prolífico objeto de investigación científica: los neumáticos fueron inventados por John B. Dunlop, quien aparentemente había prometido a su hijo «fabricar las llantas más rápidas del mundo» para su triciclo. El sistema de cambios de velocidad de las bicis fue utilizado como punto de partida para el de los automóviles. Los mismo sucedió con el mecanismo diferencial, la dirección o los ejes giratorios, con importantes repercusiones en diversos campos de la investigación científica, como: ingeniería de materiales, cinemática, aerodinámica, dinámica, neumática,

Actualmente la bicicleta es un punto neurálgico en el debate sobre el futuro de las ciudades. Esa «máquina de actualidad y porvenir» de la que hablaba Horacio Quiroga, es el resultado de la curiosidad y la imaginación de inventores de diferentes épocas y lugares, quienes durante casi 200 años han buscado la manera de viajar de forma sencilla, rápida y segura. «Vendrán grandes perfecciones en los modernos medios de locomoción» -señalaba Quiroga a finales del siglo XIX- «vendrán los automóviles ideales, submarinos, globos dirigibles, todo lo que se quiera y es digno de nuestro adelanto y entusiasmo; pero condensar en un casi juguete los medios de gran movilidad, de gran sport, de gran diversión y de gran ejercicio, es el postrer esfuerzo de este siglo, tal vez impotente para producir otro semejante.»

Aunque en lugares como Manhattan, ciudad del vecino país norteño donde la bicicleta es un elemento constante, suelen decir que «existen dos tipos de ciclistas en Manhattan: el que es rápido y el que está muerto».

Vía:  La jornada Jalisco

P.D.  Estepona, 31/1/09. Después de un  paseo en bici junto a unos amigos, una cervecita en este marco espectacular de la Playa de la Rada

Ha llegado el momento de pasar a la acción

Al trabajo, mejor en autobús o en bicicleta
España va a la zaga en el uso de transportes no contaminantes – Cataluña culmina su campaña contra el uso del coche

 El País, 19/1/09

El espacio que ocupan los coches

Se acabaron los grandes discursos, los estudios interminables y los proyectos bienintencionados que quedan en nada. Ha llegado el momento de pasar a la acción y aplicar, ya mismo, medidas concretas para mejorar la calidad del aire en las ciudades a través del transporte público. Ésa es, al menos, la opinión de los expertos en movilidad sostenible. Un asunto en el que, como en tantos otros, España anda a la cola de Europa. Aunque hay experiencias en marcha (como la limitación de velocidad a 80 kilómetros por hora en Barcelona) éstas son tímidas. La vigente cultura del coche y el tradicional desdén de los políticos tienen, según los expertos, la culpa.

En Esparreguera (Barcelona, 22.000 habitantes) el Ayuntamiento acaba de aprobar una bonificación del 35% sobre el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) para las empresas que diseñen un plan de movilidad para sus trabajadores. La iniciativa es loable, dicen los gestores, pero queda muy lejos -por tiempo y dimensiones- de las que imperan en capitales europeas. En Bruselas, por ejemplo, las empresas con más de 200 empleados están obligadas a redactar planes de movilidad. El sistema funciona desde hace siete años. Las firmas que facilitan autobuses (y los empleados que los utilizan) reciben, además, beneficios fiscales.

«España se ha dormido y la Unión Europea nos lleva un gran adelanto. Se hacen cosas, pero sin hoja de ruta se quedan en la mera anécdota», juzga Andrés Luis Romera Zarza, profesor de un máster de movilidad en la Universidad Politécnica de Madrid. Ese mismo calificativo -«anecdótico»- lo utiliza el coordinador de la Fundación Movilidad Sostenible, Pau Noy: «Ni el Gobierno central ni los autonómicos se preocupan del tema. Sólo Cataluña ha tomado la delantera, y aun así, estaría en el pelotón europeo».

Los expertos coinciden: Cataluña es la «punta de lanza» de las políticas que buscan arrinconar el coche y elevar al podio al transporte público. Hace cinco años fue la primera comunidad que se dotó de una ley de movilidad. Y a finales de 2007 aprobó una medida polémica que, no obstante, ya ha dado sus frutos: la reducción de velocidad en las vías de acceso a Barcelona a 80 kilómetros por hora. La cifra de muertos en accidente ha caído un 50% en esas vías. Y a su alrededor se respira un aire un poco más sano. En un año, las emisiones de dióxido de carbono y de partículas en suspensión de los tubos de escape se han reducido un 4%. En la misma proporción ha caído el consumo de gasolina.

Nada más conocerse la propuesta del Gobierno catalán, el Real Automóvil Club de Cataluña y diversos grupos políticos expresaron su rechazo. La idea tampoco convenció, al inicio, a los conductores, disgustados por tener que levantar el pie del acelerador. «En nuestra cultura, el coche es objeto de idolatría. Los grupos de presión del sector del automóvil son fuertes. Parece que, en esta democracia, el voto de los conductores cuenta más que el de los que usamos el transporte público», ironiza Manel Ferri, responsable de transporte de Comisiones Obreras.

El pasado jueves entró en vigor la segunda parte del plan: la velocidad variable. Se trata de que fijar los límites de velocidad a través de paneles luminosos y en función de la congestión, las condiciones meteorológicas o la contaminación. La horquilla va de los 40 a los 80 por hora. El sistema no es nuevo: se utiliza desde hace tiempo, y con razonable aceptación, en Londres, Birmingham, Utrecht o Amsterdam. La Generalitat prevé, también, unir Barcelona con una veintena de ciudades mediante autobuses directos que tendrán una frecuencia de paso de 30 minutos.

El transporte representa una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero y se come el 36% del consumo de energía en España. De ahí la importancia de limitar al máximo la circulación entre las áreas metropolitanas y el centro de las ciudades. El transporte colectivo (autobús, ferrocarril, metro, tranvía en superficie) y la bicicleta deben acabar con el reinado del coche, según recoge la Estrategia Española de Cambio Climático y Energía Limpia.

Grandes ciudades europeas han optado por restringir el uso del vehículo privado, sobre todo en el centro. Londres impulsó el peaje urbano hace cinco años: para acceder al centro en días laborables hay que pagar una tasa de once euros. El resultado: el tráfico en la capital británica ha caído un 30%, con la consecuente mejora de la calidad del aire.

En Berlín existe una «zona ambiental» de 88 kilómetros cuadrados donde los coches que más contaminan tienen vetado el acceso. Una medida similar, aunque más suave, ha adoptado Milán: los conductores de coches poco eficientes pagan entre dos y diez euros al día. Una página web (Low Emissions Zone, o sea, áreas con bajas emisiones) enumera unos 80 municipios que, de un modo u otro, han restringido el acceso a algunos vehículos. Hay ciudades de Alemania, Austria, Gran Bretaña, Holanda, Italia, Suecia, Dinamarca o Noruega. De momento, ninguna gran urbe española.

En Roma, durante algunos días de invierno, sólo circulan por sus calles coches con matrícula par o impar, según el día. En Madrid, recuerda el profesor Romera, «se intentó hacer algo parecido, pero no se pasó de un plan piloto». Una prueba más de la jerarquía del coche. Madrid es una de las ciudades que más ha invertido en transporte público (sobre todo, en el metro) y aun así «no ha perdido tráfico rodado porque se siguen haciendo carreteras», indica Noy.

Dentro de los núcleos urbanos las cosas se han hecho algo mejor, subrayan los expertos. No tanto por paliar los efectos sobre el medio ambiente como por la necesidad de que las ciudades sean más amables para el ciudadano. «Las medidas para calmar el tráfico tienen una gran tradición» en España, según el primer Informe sobre las políticas locales de lucha contra el cambio climático. Se trata, en estos casos, de peatonalizar las calles (total o parcialmente) y de crear áreas con prioridad residencial. En San Sebastián, por ejemplo, se han peatonalizado 50 calles en los últimos años, una medida que «humaniza y relaja la ciudad» y que «ha sido positiva para la actividad comercial», destaca un portavoz municipal.

Las zonas 30, donde la velocidad está limitada a 30 kilómetros por hora, también se han extendido. Lo mismo que el servicio de carsharing: los usuarios se registran en Internet y acuerdan compartir los gastos de un mismo coche con otros ciudadanos que cubran su misma ruta para ir a estudiar o al trabajo.

Muchas de esas iniciativas han sido impulsadas desde la Red de Ciudades Españolas por el Clima, que agrupa a 150 ciudades, entre ellas las principales capitales. Para ser miembro hay que cumplir ciertos objetivos en materia de medio ambiente y, por tanto, de movilidad sostenible. Dentro de esta avanzadilla se encuentra Vigo. El Ayuntamiento y Citroën han elaborado un plan de movilidad. El proyecto ha permitido acercar el servicio de autobús a las zonas donde viven mayoritariamente los trabajadores, explica el alcalde, Abel Caballero, que es al mismo tiempo presidente de la Red.

Los municipios de la Red están comprometidos a que sus flotas de vehículos sean eficientes y utilicen energías limpias. Por ejemplo, que los autobuses urbanos funcionen con combustibles alternativos como el gas natural comprimido, el biodiésel o las pilas de hidrógeno. También deben contemplar el uso de bicicletas como medio de transporte de algunos de sus funcionarios.

Aunque son sólo «una solución parcial» al problema de la movilidad, las bicicletas cada vez están más presentes en el entramado urbano. Lo ha permitido la proliferación de carriles bici. Por ejemplo, en Valencia. «Impulsamos 78 kilómetros de carril bici. Hemos ganado espacio para peatones y ciclistas y tenemos un plan ambicioso para que se pueda aparcar el coche en las afueras de la ciudad y, desde allí, acceder al centro en transporte público», reseña Alfonso Novo, concejal de Transporte. En el barrio de El Carmen, además, está vigente también la limitación a 30 por hora.

En Barcelona, se ha optado por las áreas verdes de aparcamiento. Se trata de zonas donde los residentes tienen prioridad para aparcar (a los que no lo son, les sale demasiado caro). «Evitas así la circulación de muchos vehículos foráneos en busca de aparcamiento», indica Ferri. El dinero recaudado se ha usado, en parte, para impulsar el Bicing, el servicio de alquiler de bicicletas públicas de la ciudad. Lo mismo que en la ciudad holandesa de Apeldoorn, donde, además, las bicis tienen prioridad semafórica.

En la línea de fomentar el transporte público y la amabilidad del entorno, muchas ciudades han retomado un medio de transporte histórico: el tranvía. Comenzó Valencia en 1994 y le siguieron Bilbao (2002), Alicante (2003), Barcelona (2004), Vélez-Málaga (2006), Sevilla, Santa Cruz de Tenerife, Murcia y Parla, en Madrid, (2007) y Vitoria, el año pasado.

Los expertos insisten en que se trata de iniciativas aisladas y coinciden en la necesidad de que el Gobierno español apruebe una ley de movilidad. «Ha habido una gran desconexión entre administraciones. Cataluña, Euskadi y las dos Castillas han aprobado normas, pero cada una va por su lado y no hablan de lo mismo», argumenta el profesor Romera. «Se hacen grandes discursos, pero hay que bajar a los hechos. Sabemos desde hace tiempo lo que hay que hacer. Ahora hay que ponerse manos a la obra», resalta Ferri, quien, además, dice que aún se diseñan «políticas del siglo XX», en alusión a la intención de seguir construyendo carreteras.

La secretaria de Estado de Medio Ambiente, Teresa Ribera, replica que se ha hecho «un gran esfuerzo inversor» en transporte público, pero admite que «aún no se han aprovechado al 100% todas las herramientas» para gestionar la movilidad. Ribera también cree necesaria una ley de movilidad para «coordinar a las administraciones» y luchar contra la contaminación, que en Barcelona o Madrid sigue siendo de las más altas de Europa.

Partidaria de extender la limitación de velocidad en las áreas de las grandes ciudades (aunque la competencia es de las comunidades autónomas) Ribera pide un esfuerzo de todos: «Hay que cambiar el chip sobre el coche y ser más valientes de lo que hemos sido hasta ahora».

Montar en bicicleta reduce más del 50% el riesgo de infarto

ellemacphersonyl5La semana pasada estuve en Madrid y aunque no vi más bicicletas de las que esperaba, si me pasé por una tienda de las históricas y pude comprobar que habían reenfocado el negocio también hacia el ciclismo urbano con la presencia de muchos modelos de bicicletas plegables y otras específicas para circular en ciudad, como esta que lleva Elle Macpherson, así que me he puesto en contacto con «Elle» para que sirva de reclamo para la próxima masa crítica, dado que a esta última, imagino que a causa del calor, sólo fueron unas 40 personas.

En esta tienda vi una referencia al artículo que pego a continuación que no había leído antes.

Montar en bicicleta con regularidad reduce en más del 50% el riesgo de infarto
El País, 25/5/04

Montar en bicicleta con regularidad reduce en más del 50% el riesgo de infarto de miocardio; ejerce una función protectora sobre las articulaciones y ayuda a prevenir las dolencias de espalda; fortalece el sistema inmunológico o de defensa; combate el estrés y la ansiedad y proporciona a todo el organismo una sensación de estado de bienestar. Son sólo algunos de los beneficios sobre la salud aportados por este tipo de actividad física, según los resultados de un metaanálisis realizado por la Escuela Superior Alemana de Deportes, con sede en Colonia.

En este trabajo se han revisado más de 3.000 artículos científicos publicados en los últimos 30 años y se ha comprobado clínicamente, con la ayuda de varios miles de voluntarios, cómo el montar en bicicleta puede resultar tan beneficioso para la salud humana. Esta investigación, recién concluida y llevada a cabo durante tres años, pasa por ser el proyecto más ambicioso de estas características en el mundo.

«La duración y la frecuencia de los trayectos en bicicleta se han de ajustar según la condición física y la edad de la persona, así como a los resultados que se desean conseguir. Sólo 10 minutos diarios de pedaleo fortalecen la musculatura y las articulaciones y activan el sistema circulatorio», afirmó el especialista en medicina del deporte Ingo Froböse, director del estudio y profesor de la Escuela Superior Alemana de Deportes.

En un viaje que este especialista efectuó a Madrid, manifestó que a medida que aumenta el tiempo de dedicación, siempre adaptado a las circunstancias personales, se multiplican los beneficios sobre el organismo, de modo que «los ciclistas habituales pueden intensificar notablemente esos resultados si practican el ejercicio en bicicleta con constancia en su tiempo libre».

En palabras de Froböse, una mujer de entre 45 y 60 años puede aumentar tres veces los efectos favorables de ir en bicicleta «si practicara una hora al día en vez de 20 minutos». Los resultados del metaanálisis se pueden concretar en que «montar en bicicleta fortalece el cuerpo y el alma», puesto que además ayuda a combatir el estrés y la ansiedad, produce ciertos efectos antidepresivos y proporciona una sensación plena de bienestar general.

Según Froböse, quien monta en bicicleta reduce las consultas el médico y el consumo de fármacos, evita el sobrepeso, agiliza todo su organismo y añade años a su vida con buena calidad.Entre los efectos cardiosaludables, el metaanálisis desarrollado en Colonia revela que el ejercicio en bicicleta aumenta el ritmo cardiaco, baja la presión arterial y reduce el colesterol malo, de ahí que disminuya sensiblemente el riesgo de enfermedad coronaria (infarto, angina de pecho y muerte súbita).

El equipo de Froböse diseñó un programa específico para montar en bicicleta para mujeres con cáncer de mama y se observó que a los tres meses se había reducido la mortalidad en un 30%.

El pedaleo en España

Un estudio realizado este año en España por Demoscopia con 1.000 personas sobre el uso de la bicicleta revela que sólo el 31% de españoles practica regularmente esta actividad física. Del 31% de ciclistas habituales, el 48% reconoce ir en bicicleta una vez al mes, y las razones obedecen más a motivos de entretenimiento que de salud. Sin embargo, en otros países europeos, como Alemania y Suecia, donde las condiciones climáticas para pedalear son menos favorables, el porcentaje de ciclistas regulares ronda el 73% y 79%, respectivamente. Por comunidades autónomas, las más amigas de la bicicleta son Navarra, La Rioja, País Vasco y Cantabria (44,3%), seguidas de Asturias y Galicia (35%) y, a más distancia, de Madrid (25,5%) y Canarias (10,3%).

Pero nunca es tarde para iniciarse en este ejercicio físico, saludable para todas las personas que lo practiquen con regularidad y siempre que no haya una contraindicación médica expresa, según Juan Carlos Segovia, profesor de la Escuela de Medicina Deportiva de la Universidad Complutense de Madrid, quien recuerda que la Organización Mundial de la Salud considera el sedentarismo un importante factor de riesgo para la salud.

«Montar en bicicleta es una actividad que se puede realizar desde la infancia y cuya intensidad y frecuencia podemos programar gradualmente. Para mayor seguridad, es aconsejable ir por circuitos semicerrados y que no haya grandes variaciones en el relieve del terreno. Se puede practicar en equipo, en familia, con amigos y favorece la comunicación interpersonal. Está demostrado que tiene efectos muy positivos sobre la salud mental y ayuda a dejar de fumar», añade Segovia

Elogio de la ciudad y la bicicleta

Masa crítica de Estepona, 29/6/07 El fenómeno de la bicicleta en la ciudad exige planteamientos más estructurales en momentos como los actuales. Hace unos años, Barcelona mostraba una pequeña porción de la población que persistía en el uso diario de la bicicleta, desde posiciones que parecían testimoniales o residuales, ante las exigencias de una movilidad urbana cada vez más decisiva en la batalla diaria por la supervivencia. En estos momentos, y tras la afortunada implantación del bicing, Barcelona ha pasado a ser una de las capitales europeas con una mayor presencia de las bicicletas en su quehacer cotidiano. El éxito ha desbordado las previsiones y está complicando la gestión diaria del proyecto, pero propicia asimismo que ahora puedan plantearse alternativas más ambiciosas desde una perspectiva de estrategia de futuro. Hace unos días, el presidente de la Generalitat, en plena semana de la bicicleta y asistiendo al II Congreso Catalán de la Bicicleta, afirmaba que el Gobierno catalán pretende impulsar un ambicioso plan de promoción del uso de la bici, que supondría llegar a más de 400 kilómetros de carriles bici en todo el país, y avanzar en la regulación del uso de este vehículo de dos ruedas para facilitar su normalización como medio de transporte. Se conecta así con los ambiciosos planes de Londres al respecto, o con el gran debate sobre la ciclovía en Bogotá para poner sólo dos ejemplos.

Todos tenemos nuestra particular relación histórica con la bici. Los momentos de aprendizaje, las excursiones con los colegas, las retransmisiones del Tour o la Vuelta, los mitos de Bahamontes, Anquetil o Coppi, o esa canción extraordinaria de Polo Conte dedicada a Bartali («quel naso triste d’italiano in gita») y a su modo de ganar carreras ante el estupor de los franceses. Como bien recuerda el antropólogo Marc Augé en un reciente libro, hemos pasado del mito de la bicicleta obrera de la posguerra, del Ladrón de bicicletas y de la mística de las carreras heroicas, al desencanto de la mercantilización sin escrúpulos que ha destrozado el ciclismo profesional a base de dopping y de laboratorios clandestinos. Nos queda ahora la recuperación de la bici como gran alternativa de movilidad urbana y sostenible. La utopía de la movilidad fraternal, que propicia recuperar ciudad y compañía. Si queremos cambiar de vida, deberemos empezar cambiando la ciudad. Y qué mejor que recuperar la utopía de esa ciudad que nos describe Augé, basada en la bici-libertad, la bici-igualdad, la bici-diversidad. Una ciudad atravesada en todas direcciones por todo tipo de transporte público, con horarios estrictos de distribución de mercancías, y con la sola presencia de los vehículos prioritarios (ambulancias, bomberos, policía…) en el resto de franjas horarias. Sólo los irreductibles propietarios de antiguos automóviles dispondrían de permisos para poder entrar y salir de la ciudad por alguna de las tres o cuatro vías expresamente dedicadas a ello. Pero, esa excepción no afectaría a los nuevos automóviles, que deberían dejarse en el exterior de la ciudad.

¿Estamos lejos de esa descripción explícitamente utópica de Augé? Pues, depende. Está más cerca Amsterdam (con su 40% de desplazamientos en bicicleta) que nosotros. Pero, es indudable que los avances en Barcelona en pocos años han sido espectaculares. Hasta el punto de que ya no basta con el incrementalismo prudente con el que se había manejado el asunto hasta hace poco. Mucha gente (sobre todo gente joven, pero no exclusivamente) ha descubierto que son y existen en tanto que pedalean. La autonomía de la bici y su discurrir urbano es algo sólido y real frente a la sinrazón de tanto consumismo vacío y de tanta palabrería sostenibilista. La bici nos recuerda quiénes éramos y al mismo tiempo, quiénes podemos ser. Lo que nos falta ahora son algunas decisiones significativas para que la espiral avance y se consolide. A escala internacional se alude a la necesidad de poner en práctica cinco grandes principios: logística (diseño y establecimiento de aparcamientos fiables, construcción de circuitos y carriles específicos y seguros…); difusión (campañas de sensibilización, acontecimientos de promoción…); evaluación y planificación (análisis de seguimiento de las decisiones y planes, impulso de nuevas iniciativas…); educación (manuales de buen uso, facilidad de acceso a mapas, promoción en jóvenes y adolescentes…), y cumplimiento de las normas (protección legal de los espacios y de los usuarios, mejora de la regulación y registro…).

Estos principios son en buena parte los que inspiran a los Amics de la Bici a exigir que no se avance en la construcción de nuevos carriles-bici si no se aseguran antes algunas medidas básicas en relación con las ya existentes. Por ejemplo, suprimir los carriles en las aceras que generan conflictos con peatones, multar con retirada de puntos a los que aparquen u obstaculicen los carriles bici, asegurar la protección de los ciclistas como los eslabones débiles de los sistemas de transporte, reducción efectiva de la velocidad de los automóviles a 30 kilómetros por hora en muchas partes de la ciudad. Los más de 35.000 desplazamientos diarios en bici que se producen en Barcelona (que sitúan a la ciudad en décima posición de la clasificación sobre uso de la bici en grandes ciudades, tras Amsterdam, Copenhague, Portland, San Francisco y Berlín, entre otras) exigen que se tomen decisiones más estratégicas al respecto. ¿Hasta dónde queremos llegar en el uso de la bici? ¿Cuál es el modelo de movilidad a medio plazo?

Todo ello nos conduce al debate sobre la ciudad. Discutir sobre el futuro de la bici en Barcelona es discutir sobre qué ciudad queremos. No sólo con aeropuertos, trenes de alta velocidad y muelles para cruceros se construye la atractividad y habitabilidad de una ciudad.

Autoor: JOAN SUBIRATS
El País, 19/06/2008