El problema del urbanismo disperso

¿Cuántas sensaciones y reflexiones propicia la fotografía?. Se trata de un arco del territorio comprendido entre La Lobilla, Reinoso y la desembocadura del río Padrón, en el término municipal de Estepona. Según el PGOU del municipio, para este territorio concreto, al norte de la A7 -que divide la fotografía en dos mitades- el territorio es Suelo No Urbanizable, mientras que al sur -la parte superior de la imagen, hacia el mar- es Suelo Urbano con diversas categorías. Sin embargo, la diferencia paisajística es inapreciable.

Desde la segunda mitad del siglo XX, relacionado de forma generalizada con la popularización del automóvil privado como medio de transporte, se produce un cambio en el modelo territorial por el que los espacios urbanos van ganando territorio y tomando protagonismo: las distancias pasan a no ser un problema. Esta tendencia se refuerza considerablemente en las zonas costeras con la entrada en escena del turismo y su desarrollo inmobiliario asociado, lo cual conlleva un cambio económico y social por el que se abandona el modelo productivo del espacio rural -generalmente agrícola, ganadero o forestal- que pasa paulatinamente a tener un uso residencial. De esta forma, se invierte la planificación que desde el principio de la Historia habían tenido las ciudades, generalmente concentradas -cuando no cercadas- y aisladas en el medio natural, para pasar a ser espacios abiertos que acaparan todo un amplísimo territorio donde los espacios naturales son los que ahora aparecen cercados -en espacios protegidos-. Esta nueva tendencia genera tres tipos de territorios: las ciudades en sí, la naturaleza cercada, y las zonas de transición entre ambos espacios, que es el caso de la fotografía.

Además de la cuestión legal de la urbanización dispersa de este territorio intermedio, este modelo de desarrollo territorial es insostenible para la ciudad del que depende. Por ejemplo, resulta imposible garantizar la movilidad con transporte público en estos espacios, además de que esta urbanización diseminada genera residuos y demanda recursos urbanos que no pueden garantizarse sin perjudicar los suministros propiamente urbanos de la ciudad, que atienden a la mayor parte de la población del municipio. La mayor de las perversiones de este modelo de desarrollo es que priva a las ciudades de espacios agrícolas con los que tener cierta soberanía alimentaria. Pero, lo que son problemas en este territorio desde la óptica urbana se convierten en soluciones desde la óptica rural recuperando su modelo productivo tradicional: tal vez el futuro exija este nuevo enfoque.