Masa Crítica 27/6/08. Estepona, mejor con bici

Masa crítica 27/7/07Este próximo viernes, a las 20:00 horas, en el paseíllo, tendrá lugar la masa crítica de Estepona, la concentración de ciclistas que mes tras mes se reúnen de forma anónima para dar un paseo por las calles de nuestra localidad.Atención al nuevo horario. Por motivos de calor, se ha cambiado el día y la hora que venían siendo habituales en las últimas reuniones. Hasta que se cambie nuevamente al horario de invierno, la masa crítica tendrá lugar el último viernes de cada mes. La salida será a las 20:00 horas desde el paseíllo y el recorrido será el mismo que en pasadas ediciones.

Masa Crítica es una vuelta por Estepona, de manera divertida, libre y con fines no deportivos. No hay líderes, sólo un montón de amigos de todas las edades en bicicleta. Es lo más divertido que se puede hacer en bici en la ciudad. Es una forma festiva y reivindicativa de reclamar, de una parte a nuestro convulso ayuntamiento, más infraestructuras y más apoyo para el fomento del uso de la bicicleta; y de otra, una invitación al resto de ciudadanos para que contemplen la bicicleta como medio de transporte. Al final ganamos todos, gana nuestro pueblo.

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Elogio de la ciudad y la bicicleta

Masa crítica de Estepona, 29/6/07 El fenómeno de la bicicleta en la ciudad exige planteamientos más estructurales en momentos como los actuales. Hace unos años, Barcelona mostraba una pequeña porción de la población que persistía en el uso diario de la bicicleta, desde posiciones que parecían testimoniales o residuales, ante las exigencias de una movilidad urbana cada vez más decisiva en la batalla diaria por la supervivencia. En estos momentos, y tras la afortunada implantación del bicing, Barcelona ha pasado a ser una de las capitales europeas con una mayor presencia de las bicicletas en su quehacer cotidiano. El éxito ha desbordado las previsiones y está complicando la gestión diaria del proyecto, pero propicia asimismo que ahora puedan plantearse alternativas más ambiciosas desde una perspectiva de estrategia de futuro. Hace unos días, el presidente de la Generalitat, en plena semana de la bicicleta y asistiendo al II Congreso Catalán de la Bicicleta, afirmaba que el Gobierno catalán pretende impulsar un ambicioso plan de promoción del uso de la bici, que supondría llegar a más de 400 kilómetros de carriles bici en todo el país, y avanzar en la regulación del uso de este vehículo de dos ruedas para facilitar su normalización como medio de transporte. Se conecta así con los ambiciosos planes de Londres al respecto, o con el gran debate sobre la ciclovía en Bogotá para poner sólo dos ejemplos.

Todos tenemos nuestra particular relación histórica con la bici. Los momentos de aprendizaje, las excursiones con los colegas, las retransmisiones del Tour o la Vuelta, los mitos de Bahamontes, Anquetil o Coppi, o esa canción extraordinaria de Polo Conte dedicada a Bartali (“quel naso triste d’italiano in gita”) y a su modo de ganar carreras ante el estupor de los franceses. Como bien recuerda el antropólogo Marc Augé en un reciente libro, hemos pasado del mito de la bicicleta obrera de la posguerra, del Ladrón de bicicletas y de la mística de las carreras heroicas, al desencanto de la mercantilización sin escrúpulos que ha destrozado el ciclismo profesional a base de dopping y de laboratorios clandestinos. Nos queda ahora la recuperación de la bici como gran alternativa de movilidad urbana y sostenible. La utopía de la movilidad fraternal, que propicia recuperar ciudad y compañía. Si queremos cambiar de vida, deberemos empezar cambiando la ciudad. Y qué mejor que recuperar la utopía de esa ciudad que nos describe Augé, basada en la bici-libertad, la bici-igualdad, la bici-diversidad. Una ciudad atravesada en todas direcciones por todo tipo de transporte público, con horarios estrictos de distribución de mercancías, y con la sola presencia de los vehículos prioritarios (ambulancias, bomberos, policía…) en el resto de franjas horarias. Sólo los irreductibles propietarios de antiguos automóviles dispondrían de permisos para poder entrar y salir de la ciudad por alguna de las tres o cuatro vías expresamente dedicadas a ello. Pero, esa excepción no afectaría a los nuevos automóviles, que deberían dejarse en el exterior de la ciudad.

¿Estamos lejos de esa descripción explícitamente utópica de Augé? Pues, depende. Está más cerca Amsterdam (con su 40% de desplazamientos en bicicleta) que nosotros. Pero, es indudable que los avances en Barcelona en pocos años han sido espectaculares. Hasta el punto de que ya no basta con el incrementalismo prudente con el que se había manejado el asunto hasta hace poco. Mucha gente (sobre todo gente joven, pero no exclusivamente) ha descubierto que son y existen en tanto que pedalean. La autonomía de la bici y su discurrir urbano es algo sólido y real frente a la sinrazón de tanto consumismo vacío y de tanta palabrería sostenibilista. La bici nos recuerda quiénes éramos y al mismo tiempo, quiénes podemos ser. Lo que nos falta ahora son algunas decisiones significativas para que la espiral avance y se consolide. A escala internacional se alude a la necesidad de poner en práctica cinco grandes principios: logística (diseño y establecimiento de aparcamientos fiables, construcción de circuitos y carriles específicos y seguros…); difusión (campañas de sensibilización, acontecimientos de promoción…); evaluación y planificación (análisis de seguimiento de las decisiones y planes, impulso de nuevas iniciativas…); educación (manuales de buen uso, facilidad de acceso a mapas, promoción en jóvenes y adolescentes…), y cumplimiento de las normas (protección legal de los espacios y de los usuarios, mejora de la regulación y registro…).

Estos principios son en buena parte los que inspiran a los Amics de la Bici a exigir que no se avance en la construcción de nuevos carriles-bici si no se aseguran antes algunas medidas básicas en relación con las ya existentes. Por ejemplo, suprimir los carriles en las aceras que generan conflictos con peatones, multar con retirada de puntos a los que aparquen u obstaculicen los carriles bici, asegurar la protección de los ciclistas como los eslabones débiles de los sistemas de transporte, reducción efectiva de la velocidad de los automóviles a 30 kilómetros por hora en muchas partes de la ciudad. Los más de 35.000 desplazamientos diarios en bici que se producen en Barcelona (que sitúan a la ciudad en décima posición de la clasificación sobre uso de la bici en grandes ciudades, tras Amsterdam, Copenhague, Portland, San Francisco y Berlín, entre otras) exigen que se tomen decisiones más estratégicas al respecto. ¿Hasta dónde queremos llegar en el uso de la bici? ¿Cuál es el modelo de movilidad a medio plazo?

Todo ello nos conduce al debate sobre la ciudad. Discutir sobre el futuro de la bici en Barcelona es discutir sobre qué ciudad queremos. No sólo con aeropuertos, trenes de alta velocidad y muelles para cruceros se construye la atractividad y habitabilidad de una ciudad.

Autoor: JOAN SUBIRATS
El País, 19/06/2008

Ámsterdam, pueblo bicicletero

amsterdam“En Ámsterdam hay más bicicletas que personas”, me dice Huub, un espigado taxista de 43 años, mientras me dirijo a la Estación Central de esta ciudad holandesa. “En mi casa tenemos siete”.

Además de ser famosa por sus canales, por el Red Light District (zona de tolerancia, donde las prostitutas se exhiben en vitrinas decoradas con luces de neón) y por sus (donde el hachís y la mariguana figuran en el menú), Ámsterdam es una ciudad de gente que anda en bicicleta y, por lo mismo, de gente saludable y relajada. O al menos es la impresión que me llevo: la de una ciudad de gente amable y, muy a su modo, equilibrada.

Miles de personas circulan a diario en bicicleta en esta urbe de 900 mil habitantes. Ya sea en los carriles especiales para ciclistas que conforman una red que conecta a buena parte de la ciudad, o por las calles y hasta en las mismas banquetas, los ciclistas y las bicicletas son una presencia constante que no entra en conflicto con el tráfico de los automóviles o del tranvía.

En Ámsterdam y en el resto de Holanda hay bicicletas por todas partes. Las hay finas, claro, al último grito de la moda, pero los modelos que predominan por las calles son sencillos y austeros. En un tienda de segunda mano se puede comprar una por 120 euros, y los turistas pueden rentarlas por módicas sumas.

Entre los ciclistas holandeses, hay quien decora su bicicleta al gusto personal (me he encontrado muchas con arreglos florales), pero más que eso, cada quien adapta su bicicleta según las propias necesidades. Si se trata de una mujer con un hijo pequeño, pues entonces le acondiciona un pequeño asiento sobre el manubrio o sobre la parrilla, en la parte de atrás. Si tiene dos pequeños, pues entonces le pone una pequeña carretilla delantera y así los niños gozan de un emocionante paseo. Mucha gente va al supermercado y regresa con su mandado distribuido entre la canastilla delantera y los compartimientos laterales de sus ligeros vehículos. También es común encontrar a ciclistas que salen a pasear a sus mascotas pequeñas, y éstas van sentadas en la parte delantera o de plano aferradas al manubrio. Así me tocó ver a un perico. Hay también algunos ancianos que conservan el gusto de circular en dos ruedas.

Por supuesto, se han construido estacionamientos públicos de bicicletas, con capacidad para miles de éstas. Las tarifas son muy accesibles, contrario a las de los estacionamientos para autos.

“Los cerebros viajan en bicicleta”, reza un anuncio de una tienda en el centro. Seguro que es así, pero además de honrar a la materia gris que se supone todos llevamos dentro, el hábito de pedalear a diario permite estar en buena forma física (en muchos casos sin perder un ápice en elegancia o de sensualidad). Eso, aunado a la belleza multirracial holandesa y al sol tan apreciado en estas gélidas tierras ganadas al mar, no sólo permite la contemplación de un estimulante espectáculo callejero, sino que altera de manera significativa y para bien la convivencia entre la gente.

No es lo mismo salir de casa, montar una bicicleta y dar un paseo al aire libre para ir a la oficina o a un café, que salir de casa, encerrarse en un automóvil y soportar un embotellamiento, como los que ya tenemos a diario en todas las ciudades grandes de México (y en muchas de las medianas y pequeñas).

Ahora bien, ¿qué hay sobre los choques y otros accidentes de ciclistas con peatones y choferes de automotores? “No ocurren con frecuencia”, sotiene Huub, “pues nosotros también somos ciclistas y sabemos cómo debemos de manejar”. Además, explica, si un auto choca contra un ciclista, ante la ley el chofer del vehículo motorizado lleva las de perder, no importa si el ciclista viene pasado de copas o hasta un poco fumado. Entonces la mayoría de los automovilistas conduce con precaución, respetando los cruces, pasos cebra y semáforos. En Holanda no hay minibuseros que temer.

Más fotos interesantes sobre Amsterdam en:
http://www.ski-epic.com/amsterdam_bicycles/

Vía: El Informador.com.mx
Por Gerardo Lammers, 13/06/08